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Las
ejecuciones policiales efectuadas por Pedro de Jesús Candelier suman más
de 1000 asesinatos Salpican
tanto al gobierno de Rafael Hipólito Mejía
como al de Leonel Fernández,
al cardenal Hildebrando
Borgia López Rodríguez y al agente de la muerte
Radhamés Jack el destripador Gómez Pepín Radhamés
Gómez Pepín (Jack el Destripador), mercenario periodista apologista de
la arbitrariedad y el abuso de Poder, esto es, todo un bonapartista y
trujillista en consecuencia, se ha de sentir satisfecho en sus aberrados
fueros internos propios de un sicópata no tan platónico como quiere
aparentar, puesto que le rodean sospechas en hechos de sangre conocidos. Por
su parte, el cardenal Hildebrando Borgia López Rodríguez, que como mayor
general castrense ordenara y diera el visto bueno a la escabechina de
sangre ejecutada por Candelier, también debe sentirse conforme con su
alienante práctica de figurarse bebiendo sangre durante más de 40 años
y en busca de igualar a Alejandro VI, es decir, a Rodrigo Borgia, dentro
de la Iglesia Católica. El
daño que tales posturas y acciones causan al país no es sólo cuestión
de imagen en torno al irrespeto de los derechos humanos. Eso
es sólo una parte del asunto. Lo
más grave es que los círculos involucrados con acciones, con tolerancia,
apañamiento y promociones inescrupulosas de tales desafueros
inconstitucionales e ilegales, ahora que están en la picota pública,
incluso a nivel internacional, no logran justificar cómo de buenas a
primeras, tan pronto sale Candelier de la Policía Nacional, se reducen
las masivas supuestas acciones delictivas que se cometían y que eran la
jutificación para las ejecuciones perpetradas también masivamente. Esos que constituyeron el escuadrón de la muerte y sus padrinos espirituales, como el cardenal Hildebrando Borgia López Rodríguez y Gómez Pepín (Jack el Destripador) pueden estar promoviendo actos que justifiquen que tenían razón. Y es aquí, precisamente, donde reside el gran motivo de preocupación en la ciudadanía sensata. |