Presidente del Poder Ejecutivo promueve convertir la República Dominicana en refugio de corsarios y filibusteros

 

Parece ser que si hay algo bien claro y definido respecto al rumbo que lleva el gobierno de Rafael Hipólito Mejía, es que éste está firmemente dispuesto a convertir el territorio nacional de la República Dominicana en lo que fuera la Isla Tortuga en la época de la colonia, esto es, un refugio de piratas, corsarios, filibusteros y bucaneros de toda índole.

La forma en que el Presidente del Poder Ejecutivo ha venido manejando el caso del tal Didier Schuller, que es acusado junto a su compañera de ser protagonistas, así como a otros más, de un fraude por más de 100 millones de dólares y, en consecuencia pedido en extradición, mueve a la sospecha de un interés muy particular de parte de Rafael Hipólito Mejía en proteger al dirigente derechista francés residente en el país.

Resultó poco más que suspicaz conocer que Rafael Hipólito Mejía decía que Didier Schuller se encontraba refugiado en casa de unos amigos suyos, y que estos amigos le comunicaron que Schuller estaba dispuesto a reunirse con él, esto es, con Rafael Hipólito Mejía cuando éste así lo quisiera. Como se ve hay, de hecho, cierta amistad y cierta intimidad entre ambos personajes.

A la vez, el flamante canciller, el prohaitiano seudointelectual Hugo Tolentino Dipp, se ha esmerado en emitir declaraciones encaminadas a pintar como a una pareja de inocentones chicos al señor Didier Schuller y a su esposa, ambos reclamados por la justicia francesa.

Por otra parte, Sila Calderón, la gobernadora puertorriqueña, ha tenido que empantalonarse y reafirmar que Ramón Cabral, amigo íntimo de Rafael Hipólito Mejía no encontrará padrinos que puedan impedir que tenga que concurrir a responder ante la justicia puertorriqueña por cerca de 100 millones de dólares estafados al Estado de Puerto Rico.

Sila Calderón, debe saber Rafael Hipólito Mejía, que tiene fama de tener los juegos muy pesados; y si Rafael Hipólito Mejía concurrió con su capataz Hans Hertell, embajador de los EE.UU. ante la República Dominicana, a Puerto Rico, al bautizo dizque de un hijo del hermano del perseguido, bajo la creencia de que esto sería algo así como un metamensaje que impediría la extradicción de su amigo Ramón Cabral y que ello conllevaría que Sila Calderón detuviera la acción extradictoria, parece que Rafael Hipólito Mejía calculó mal su juego y que Sila Calderón es, como le decían en la época del Renacimiento a este tipo de mujer, una verdadera virago, es decir, una fémina de pelo en pecho y de armas tomar.