Prensa amarilla y sus plumíferos han sido evidenciados como herramientas de opresión y explotación de las clases dominantes

Su labor no es informar de acuerdo con la realidad sino engañar presentando lo malo por bueno, lo podrido como sano, el vicio como virtud y al canalla como todo un ser noble y valeroso

 

Son las mismas empresas comerciales de la pequeña y mediana burguesía, dedicadas a la labor de la seudociencia de la mercadotecnia en el área de los llamados sondeos y encuestas las que, forzosamente, se ven obligadas a reconocer el maltrecho y descompuesto estado en que se encuentra su sistema político, estructurado para justificar y practicar la opresión y explotación de las gentes del pueblo mediante todo tipo de engaños y estratagemas.

En uno de esos sondeos o encuestas hecho público en las últimas semanas, aparecen datos sencillamente elocuentísimos y reveladores del distanciamiento total que hay entre este sistema político vigente y las masas populares, que dicen representar los testaferros del régimen.

Por otro lado, se puede comprobar que, a pesar de que los propagandistas, pico y pluma de oro de los explotadores, atrincherados en los medios de prensa y publicidad, quieren ocultar con desesperación y perseverancia que se trata, ni más ni menos, que del régimen capitalista, al que machaconamente llaman democracia y democracia, pero jamás democracia capitalista, que es de lo que en verdad se trata, las gentes declaran que no se identifican con eso que llaman democracia, que en realidad de nada les sirve ni nada les da y mucho menos nada les garantiza que no sea hambre, opresión, miseria y explotación.

Un 93% de la población electoral está convencida de que el gobierno de Rafael Hipólito Mejía y el PRD es corrupto, igual o más que el del Pálido-Leonel Fernández y ni qué decir del tiránico Joaquín Balaguer.

Si se fija bien el lector, podrá comprobar que ese 93%, hoy por hoy, adversa al gobierno trujillista, despótico, abusador y a la vez empedernido empeñador del futuro del país con su manía prestamista, esto es, con su vicio de coger cuartos prestados aquí y en el exterior.

Y por ese medio queda comprobado que, tal y como sostuvimos, Rafael Hipólito Mejía no ganó con un 50% del electorado total del país, sino apenas con casi el 35% de ese electorado y con la oposición de hecho del 16% de reformistas que votaron en su contra y del 17% del total de los dominicanos con derecho al voto que sufragó por los desgraciados del PLD, a los cuales, esto es, al 16% reformista y al 17% peledeísta, hay que sumarle el 30% que no votó por nadie ni se presentó a las urnas, en evidente expresión de no sentirse representado por ninguno de esos partidos de aspirantes a desfalcar los fondos del Estado.

Así, a 19 meses del gobierno de Rafael Hipólito Mejía, de su 35% que le respaldó, apenas le resta un 7%, en tanto el gran montón de aquéllos se ha pasado a repudiarlo y a sentirse fastidiado por el gobierno y su Presidente.

Esta es una gran lección. Y desde ya se ve con claridad que la gente no está dispuesta a seguir haciéndole el juego a sus verdugos. Y de ahí la acuciante verdad del refrán que dice: “El que me engaña una vez, malo es, pero si me engaña dos veces, el malo y, por tanto, el pend… soy yo”.