Jack el Destripador Gómez Pepín, es un promotor, defensor y seguidor a ultranza de los abusos y las arbitrariedades, acorde con su idiosincrasia de trujillista

 

Hemos venido insistiendo en que el director del periódico amarillo y desinformador “El Nacional”, llamado Jack el Destripador Gómez Pepín, es un promotor, defensor y seguidor a ultranza de los abusos y las arbitrariedades, acorde con su idiosincrasia de trujillista que, a decir verdad, es fruto a su vez de su larga práctica de calié e informante del SIM en aquella época desde su posición de corresponsal de “El Caribe”, que cubría el Palacio de Gobierno del dictador, así como de la inescrupulosidad hecha conciencia como fruto de esa infamante práctica antihumana.

Hemos presentado para este período pruebas fehacientes de irrefutables actos que lo retratan implicado directamente en al promoción de la escabechina sangrienta de los 1,200 ejecutados por Candelier y su cuerpo de la muerte. Y ya había sido, por igual, promotor de esa misma práctica genocida, junto al oportunista y renegado Negro Veras, respecto a los Nivar Seijas, Rodríguez Arias, Sanz Jiminián, etc., etc. y etc.

Ahora que Radhamés Gómez Pepín (Jack el Destripador) está evidenciado de cuerpo entero y de pies a cabeza, se identifica a su vez con Rafael Hipólito Mejía como crudo representante del trujillismo, y llega al colmo de lanzar toda una campaña de ensalzamiento a la farandulera actividad vulgar de endiosamiento del dictador Trujillo a través de merengues de mala muerte, actividad propia de chulos y prostitutas, como típicos representantes del bajo mundo de alcohol y lupanares, en los que Jack el Destripador precisamente adquiriera, desde muy joven, todos y cada uno de los malos hábitos que le caracterizan, hasta el de llegar a ser un delator que gozara con sadismo la desgracia ajena a consecuencia de los típicos métodos trujillistas, es decir, típicamente asesinos y torturadores.

Así, no tuvo escrúpulos en convertir a ese periodicucho amarillo en promotor de todo tipo de actos vandálicos cometidos por el MPD durante los 12 años de Balaguer, lo cual fue el principal negocio de esa actividad mercantil encubierta con el falso ropaje de actividad periodística.

No con poca razón se llegó a decir que había quiénes promovían, desde la sombra, la ocurrencia de hechos que generaran uno o varios “muerticos” del pueblo para comercializar con ellos.

Esos malos hábitos son los que lo convierten en el badulaque que clama hoy que si no hay un Candelier haciendo de las suyas, a la delincuencia no habrá quién la aguante en este desdichado país.