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Con la
aprobación de la construcción del Acueducto de la Línea Noroeste El
Congreso y el gobierno de Rafael
Hipólito
Mejía imponen el grado a grado y el único
perjudicado es ese tonto grande llamado pueblo dominicano A
cada paso que se da en el llamado Congreso se pone de relieve que éste es
un centro de coordinación y emanación de decisiones que responden a los
exclusivos intereses de grupos que sólo están empeñados en servirse del
país para su exclusivo y particular beneficio. Esto ha quedado de relieve
con la aprobación de la construcción del Acueducto de la Línea
Noroeste. Especulando
con la inaplazable necesidad de que sea construido cuanto antes dicho
acueducto, los congresistas coordinaron con el gobierno de Rafael Hipólito
Mejía y las autoridades centrales del INDRHI e INAPA para que la contrata
fuera adjudicada grado a grado a un consorcio brasileño que ya le había
soltado unos gruesos millones a varios congresistas, a Ramón Alburquerque
y a González Espinosa, entre otros y, en particular, al fenecido Darío Gómez,
quien recibiera el grueso principal de los millones envueltos en el
asunto. Ese tipo de actividades ilícitas es indudable que determinó el
final de la vida de Darío Gómez. Se
ha conocido que para aquel proyecto, durante el gobierno de Leonel Fernández
había una sobrevaluación de unos 1,000 millones de pesos, pero ahora la
sobrevaluación se dice que apenas está por debajo de los 500 millones. Así se impone el grado a grado y el único perjudicado es ese tonto grande llamado el pueblo dominicano. |