Nicolás de Jesús López Rodríguez y sectas protestantes arremeten contra pastilla "un día después"

El Rodrigo Borgia criollo que encabeza secta cristiana católica y todas las demás sectas protestantes actúan promoviendo ignorancia y oscurantismo entre las masas trabajadoras conforme papel defensores intereses explotadores y opresores

 

Ya habíamos dicho que las iglesias cristianas, tanto la secta protestante como la católica, apostólica y romana, se han dedicado y no tienen otra función que la de servir a la explotación y opresión capitalistas a la vez que entonan su retardataria música feudal y esclavista.

Así, esa iglesia cristiana no puede abandonar su vieja práctica que es a su vez su alma y su espíritu de defensa y ejercicio del oscurantismo y el atraso, preconizando la ignorancia de las multitudes, así como la superstición y las brujerías que empiezan con su hipótesis absurda de la creación divina de la vida y de la Tierra, lo mismo que la tesis de la existencia de un dios y de un diablo, a la par cada uno con sus respectivas legiones de santos, así como de demonios y diablillos que no serían otra cosa, según su embrollo de hechicería, que ángeles caídos.

Todas estas ensartas de basuras e inmundicias supersticiosas han sido barridas por la ciencia y la práctica de la lucha por la producción y la lucha de clases.

Es dentro de este tenor que hay que estudiar y ponderar los arrebatos que de tal magnitud nos exhibe el cardenal Rodrigo Borgia criollo, esto es, Nicolás de Jesús López Rodríguez, cuando, pretendiendo oponerse a los avances de la ciencia y al progreso de la experimentación científica, arremete, como un verdadero poseído por su demonio, contra el caso de las llamadas pastillas y métodos anticonceptivos con los que se busca hacer que los seres humanos tengan una mayor y más manejable control sobre la reproducción, es decir, respecto a eso de tener hijos, a la vez que se les permite, sin dañar a nadie, disfrutar del sacrosanto placer de las relaciones sexuales.

Ahora es con el caso de las pastillas anticonceptivas llamadas "de un día después", así nombradas por el hecho de que la mujer puede evitar quedar preñada y liberarse de una situación embarazosa, tomándose apenas una eficaz y bendita pastillita al día siguiente y hasta antes de tres días después de haber tenido relaciones sexuales, las cuales son, repetimos, uno de los mayores goces de que disfruta todo ser humano normal y en pleno uso de sus facultades físicas e intelectuales.

La oposición del cristianismo a todo avance científico es ya una verdad histórica harto reconocida. Se recordará que se opuso a la creación de la vacuna contra la viruela, bajo el salvaje alegato de que su uso era una contravención y violación de la voluntad de su dios, que cada día se evidencia como algo inexistente y que sólo vive en cabeza de estafadores que usan ese mito para engañar la humanidad trabajadora, o bien, en la cabeza embrutecida de las gentes ignorantes, que han sido atadas a la ignorancia precisamente por esos vividores llamados sacerdotes y en plan de servicio a los explotadores.

El Rodrigo Borgia criollo se mostró iracundo, tal y cual es y son todos esos hipócritas embaucadores de ignorantes multitudes que apelan ingenuamente a las creencias religiosas igual que a las creencias en brujerías, como parte de una creencia general entre esos segmentos sociales en la superchería.

Lleno de soberbia, arrogante, pretencioso, amenazante, jactancioso en su propia y descomunal ignorancia, salvaje, el Rodrigo Borgia criollo, Nicolás de Jesús López Rodríguez, llamó a los médicos, a la ciencia y a los científicos, degenerados, sinvergüenzas, inmorales, inescrupulosos y decenas de cosas más, como pueden comprobarse en el periódico amarillo "Hoy" del lunes 11 de febrero.

Ahora bien, nos permitiremos puntualizar en este comentario las implicaciones de ridiculez y comicidad absurdas y obsoletas de esa flamante personalidad, rebosante de sabiduría, que por sólo recordarnos a esa bestia que fuera el papa Alejandro VI, le llamamos el Rodrigo Borgia del patio.

Si la pastilla de "un día después" fuese equivalente a un aborto y que con la toma de la pastilla se habría matado una vida bajo el supuesto, absurdo y borreguil, de que un espermatozoide es una vida y que un óvulo es otra vida humana, quisiéramos que el Rodrigo Borgia criollo admitiera que él es un genocida, puesto que, como cada hombre posee más de 40 millones de espermatozoides, y siendo él el responsable de la orden mediante la cual Candelier ejecutó, desde el gobierno de Leonel Fernández hasta el de Rafael Hipólito Mejía, desde la Policía Nacional, a más de 1,200 hombres, cabría multiplicar esa cifra por 40 millones de espermatozoides, que tenía cada uno, lo que arrojaría un total de 480,000 millones de seres humanos que, por unas desaprensivas y alegres expresiones suyas, fueron muertos por Pedro de Jesús Candelier.

El tremendismo que ostenta para ocultar su ignorancia y su recalcitrante defensa del oscurantismo y el atraso, como parte de su labor y de la iglesia cristiana a favor del imperialismo y la reacción, merece ser refutado, pero debemos decir que para que esa refutación tenga validez, hay que soportarla en una firme y científica concepción filosófica que no es ni puede ser otra que la concepción materialista y dialéctica del marxismo-leninismo.