Los que pregonaban a todo pulmón fórmulas mágicas del neoliberalismo, la globalización, el nuevo orden económico internacional, el libre comercio y demás yerbas llevarían, al país y al pueblo, al paraíso del bienestar y el progreso

Nos han metido en el mismo infierno del desempleo, la acentuación de la pobreza y el hambre, el alza total del costo de la vida, de las medicinas, la carencia de asistencia médica para la población trabajadora

 

Pero si hablamos de crisis económico-social y de sus secuelas negativas y perjudiciales para el pueblo, no podemos creer que esa crisis, así como sus secuelas, vienen por arte de magia ni caen como un castigo del cielo; en realidad, todos estos males son obra y consecuencia directa del sistema económico-social capitalista de explotación y opresión vigente en el país.

Todos los sectores populares y trabajadores están sufriendo la más cruda y tremenda penuria nunca antes conocida.

Una gran parte de los hombres y mujeres que antes trabajaban ahora han sido cancelados o echados de sus empleos y no encuentran otra ocupación.

Se han producido alzas de precio en el arroz, lo mismo que en el azúcar, la habichuela, la cebolla, aceite y todos los artículos con que se sustenta la dieta de los dominicanos que tienen el privilegio de poder comer regularmente.

La causa de todo esto se reduce a que, con la implementación del modelo capitalista neoliberal, todo lo que antes aquí se producía ahora tiene que ser importado, y como las importaciones se hacen en dólares, al éste elevar su valor frente al peso dominicano, pues cuestan más caras las mercancías importadas y eso conlleva a que los artículos se les vendan también a precios más altos a los consumidores.

Aunque los gobiernos de los partidos tradicionales, sin distinción ni méritos, siempre andan diciendo que están combatiendo la pobreza y que todo lo que hacen es buscando paliar o disminuir la miseria imperante, resulta que en los hechos lo que se ve es todo lo contrario, esto es, que si la gente comía en el ayer dos veces, ahora come una o ninguna, y son muchos los días en que tienen que acostarse sin nada en la panza.

Y todo gracias al sacrosanto y bendito sistema de explotación capitalista.